¡QUE VUELVAN LOS BLOGS!

Según Wikipedia, la palabra "blog" es una abreviación del término "weblog", el cual proviene de "anotar sobre la web" ("logging the web") y, desde que fue acuñado en los 90s, ha acabado englobando hasta nuestros días todo tipo de sitios online con un ritmo de publicaciones periódicas marcadas con el estilo personal de sus autores.

No estoy seguro de si llegué a disfrutar realmente de la edad dorada de los blogs (si es que eso alguna vez ha existido, especialmente en Españita). Mis aventuras en Internet se iniciaron cuando tendría yo unos 10 u 11 años a mediados de los 2000s, en un ordenador con Windows XP y una conexión que se cortaba con las llamadas telefónicas. Recuerdo a mi hermana mayor creándome mi primera cuenta de Hotmail (que aún conservo), con mi nombre y una abreviación de mis apellidos (que me salvó de arrastrar de por vida un nickname del estilo de "gokusupersayan4") que luego usaría para conectarme al Messenger mientras exploraba webs como Minijuegos.com, elRellano.com o aquel YouTube primigenio. Más adelante, se popularizarían Fotolog y Metroflog, que solo permitían subir una imagen al día y que yo aprovechaba para compartir mis dibujos y esperar los comentarios de mis compis del cole; que yo recuerde, ese fue mi primer contacto publicando cosillas en la red. Luego llegaría Tuenti, al que tuve acceso antes que nadie de mi clase (gracias a mi primo Pepe que me mando la invitación), y aquello lo cambió todo. Para quien no sepa qué fue Tuenti, Rimembah tiene un vídeo-documental muy exhaustivo sobre su historia, pero en resumidas cuentas fue el Facebook español; esta red social desplazó toda la vida digital de mi entorno a sus chats, muros y MDs, incluso nos llegaron a enviciar algunos de sus juegos online (mis favoritos eran PooltasticBackyard Monsters). Ahí cambié mis hábitos interneteros y comencé a consultar regularmente webs como Pichicola.com, Desmotivaciones.es, Asco de vida, Tenia que decirlo, Cuanto Cabrón... y no recuerdo muy bien cómo, también algunos blogs (¡A mamá vas!, Merendandum por la tarde...) que formaban parte de algo llamado Tumblr, una plataforma que acabaría marcando un antes y un después en mi vida. Tumblr fue la primera vez que me sentí parte de una comunidad online, con sus propios memes, jergas y códigos de conducta. Allí aprendí muchas cosas, entre ellas grandes valores sobre los procesos de crear, transformar y compartir; a sentir camaradería sincera con completos desconocidos por el simple hecho de confluir en gustos y aficiones; a descubrir inquietudes, ordenarlas y conservarlas; que definir mi propia identidad era posible, estaba a mi alcance y no tenía por qué competir con la de los demás. Pero todo tiene un final, y la confluencia de varios factores como fueron empezar bachiller, echarme pareja y adquirir un smartphone hicieron que desapegara mi ocio del PC y volcara mi tiempo en otras cosas; y para cuando pude retomarlo, ya nada se sentía igual: Tuenti estaba requetemuerto (devorado por una migración de perfiles a Facebook por ser "más serio", chats vía Whatsapp/Telegram y jueguitos directamente como apps en el móvil), Tumblr iba cuesta abajo, Twitter se convertía progresivamente en el centro del mundo (periodistas, políticos, actualidad del entretenimiento...) e Instagram comenzaba a apostar fuerte por las stories y los reels (y de aquellas aguas, estos TikToks). En aquel contexto, yo aposté por Twitter, y bien a gustito que estuve siguiendo a divulgadores, creadores, opinólogos, shitposters y todo tipo de hilos y temas... al menos hasta que el gilipollas de Musk lo comprase y lo convirtiese sin disimulo en un bar nazi. En esta fase tuitera también me aficioné a YouTube, que durante mi etapa de desapego había pasado de ser una plataforma de videos random a una maquinaria bien engrasada de contenido diseñado especialmente en contentar al algoritmo y monetizar cualquier cosa; por suerte, si sabes buscar, aún quedan diversidad de creadores que pasan un poquito de eso y generan un material sincero (o al menos lo intentan).

Y ahora que estamos en pleno 2026, con un entorno digital cada vez más hostil a causa de intervencionismos abusivos (identificación, Chat Control, verificación de apps...), plataformas mierdificándose aceleradamente, Inteligencias Artificiales Generativas esparciendo slop descontroladamente y la inminente muerte del internet orgánico, yo digo... ¿Y si volvemos a los blogs?

Bueno, a ver, esta idea no es que se me haya ocurrido (solo) a mí. Hay toda una efervescencia que aboga por rechazar esta evolución hacia la Web3 (blockchain, NFTs, metaverso, IAG...) que tratan de forzarnos; solo hay que observar propuestas como la IndieWeb, la Small Web, la Web0, el Fediverso e incluso Neocities. ¡Existimos todo un grupo de personas que añoramos aquel terreno salvaje y diverso que era la Web1 antes de ser domesticado, homogeneizado y corporativizado por las grandes empresas! Y ojo, que esto no debe confundirse con un rechazo a los avances tecnológicos... No estoy haciendo ninguna campaña promoviendo volver a conectarnos a Internet con módems y tirar los smartphones por la ventana (no sería muy ecológico por nuestra parte...). Mi alegato mas bien es una cuestión de soberanía digital; de aprovechar mejor los medios y herramientas que tenemos a nuestra disposición, de aprender a administrar nuestra propia infraestructura, de dejar de ser consumidores de algoritmos obtusos y convertirnos en internautas de verdad. ¿¡Y qué mejor que un blog para empezar!?

Tu blog puede ser LO QUE TÚ QUIERAS. Le puedes dar la forma que te dé la gana (con HTML y CSS), publicar lo que te de la gana (fotos, vídeos, textos, audios, gifs...) y sobre lo que te de la gana (¡tú mandas!). Los únicos hándicaps son tener motivación, algo de tiempo para crear y unos recursos mínimos (Internet y un cachivache con el que conectarte), ¡nada más! Lo más fácil es empezar por algo chikito sin grandilocuencias, darle forma poco a poco y, sobretodo sobretodo, PUBLICAR sin perder la constancia. Yo por ejemplo soy un bloguero terrible, porque me vengo arriba con "¡voy a rediseñar todo el WordPress porque lo veo feo y no quiero postear cosas hasta que se vea bonito!" o "¡no puedo escribir una reseña cualquiera de esta serie de dibujos animados de hace 20 años, primero tengo que sacarme un doctorado sobre ella para poder hablar con propiedad!" y lo que es publicar, pues no publico nada... También hay que tener en cuenta que un blog lo haces por ti (principalmente para volcar tus inquietudes), y aunque potencialmente lo puedan consultar miles de mirones (y de bots), a quien tiene que gustarle es a ti. Si al entrar a tu blog lo ves y dices "fua, que guapo", pues ya está, tira millas a tu bola.

Una vez seamos bloguers, el siguiente paso es convertirse en un POSSErs: publicar primero en nuestro blog y luego ya si eso darlo a conocer facilitando el acceso desde otras plataformas de Internet, bien sea mediante una newsletter a la que la gente se pueda suscribir, enlaces en nuestros perfiles de redes sociales, spameando a nuestras amistades por chat... Lo importante es que toda tu actividad debería poder ser consultable desde un solo sitio que sea tuyo de verdad (del que no te puedan banear por cosas como decidir mostrar un pezón o por sufrir un ataque de acoso coordinado) y dejar claro clarinete a la gente que es ahí donde deben buscarte. Y cuando ya lleves un tiempecillo publicando, puedes probar a sumarte a algún directorio de blogs, como por ejemplo ¡Blog!¡Blog!, que te ayudará a darte a conocer y, si te implicas, también a formar comunidad.

Y ya por acabar, decidas abrirte un blog o no... ¡SIGUE BLOGS! ¡Especialmente si solo usas redes sociales (privativas)! Tu relación con Internet no tiene por qué ser el equivalente a entrar a un centro comercial lleno de bullicio, música de feria y escaparates fulgurosos compitiendo por atrapar tu atención y venderte cosas; Internet puede ser como un paseo por el barrio, hacer un recado, charlar con un vecino, ver como avanzan unas obras y sentarse en un banquito a leer el periódico o anotar tus pensamientos en un diario. Para mi la manera más cómoda de estar al día con mis blogs favoritos es utilizando un lector RSS, un programita al que puedes agregar blogs (y otras webs con feeds, incluso algunas redes sociales compatibles) para que te construya un feed combinando todas las publicaciones que desees (¡puedes filtrar!); yo por ejemplo utilizo Capy Reader en mi móvil (¡es libre y gratuito!) y va genial, pero existen muchas más opciones entre las que elegir (también uso FreshRSS, pero requiere alojarlo en un servidor). Otra opción es apostar por una experiencia full retro, guardártelos todos en marcadores del navegador y consultarlos manualmente cada día (es probable que con los que no tienen RSS te toque hacerlo...); es lo que yo hacía en mi época de Tuenti y te aseguro que es mucho mejor que estar doomscrolleando infinitamente en búsqueda de dopamina; además que visitarlos a mano te permite ojear también el diseño de la web y te invita más a dejar algún comentario (si es que están habilitados).

En fin, pues eso, que más blogs y menos slop. Y como recomendaba Derek Powazek en los 2000s contra el SEO: haz cosas geniales, cuéntaselas al mundo y vuélvelas a hacer.

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